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By little and little the scanty vegetation languishes and dies; and mosse disappear, and a red burning hue suceeds. El campesino hace represas para recoger el agua de las lluvias y dar de beber a sus ganados. El general Ocampo, gobernador de La Rioja, se dispone a cerrarles el paso, y al efecto convoca todas las fuerzas de la provincia y se prepara a dar una batalla.

Facundo se presenta con sus llanistas. Ninguno; se ha sentido con fuerzas, ha estirado los brazos y ha derrotado la ciudad. Era preciso poseer esa fuerza veterana para no encontrar contradicciones en lo sucesivo. No quedaba otro medio que apelar a las armas y encender la guerra civil entre el gobierno y Quiroga, entre la ciudad y los Llanos.

Lo que sigue es la historia de Quiroga.


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Facundo se presenta en la mesa del remate, y ya su asistencia, hasta entonces inusitada, impone respeto a los postores. En seguida de una batalla sangrienta que le ha abierto la entrada a una ciudad, lo primero que el general ordena es que nadie pueda abastecer de carne el mercado No me detengo en estos pormenores a designio. Su buen humor no debe quedar ignorado: necesita explayarse, extenderlo sobre una gran superficie.

Suena la generala en La Rioja, y los ciudadanos salen a las calles armados al rumor de alarma. Pero volvamos a La Rioja.

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Las minas de Famatina se presentaban a las grandes empresas. Estas dos especulaciones, la de Inglaterra y la de Buenos Aires, se cruzaron en sus planes y no pudieron entenderse. Facundo jugaba sin lealtad, dicen sus enemigos Sobre esto no se razona, no se discurre. Pero un mundo de ideas, de intereses contradictorios, se agitaba fuera de La Rioja, y el rumor lejano de las discusiones de la Prensa y de los partidos llegaba hasta su residencia en los Llanos. En cada cuadra de la sucinta ciudad hay un soberbio convento, un monasterio o una casa de beatas o de ejercicios.

Entonces eso no es nada Examinemos ahora a Buenos Aires. En era Buenos Aires ya muy visible. Este es un hecho grave que quiero hacer notar. Protesto que no. Llega la noticia de un triunfo de sus enemigos; todos lo repiten, el parte oficial lo detalla, los dispersos vienen heridos. Los pueblos no reclamaron de Buenos Aires el puerto con las armas, sino con la barbarie , que le mandaron en Facundo y Rosas.

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De manera que Buenos Aires y las provincias se han hecho el mal mutuamente, sin reportar ninguna ventaja. Pero ya era tarde: Facundo estaba en movimiento, y era preciso prepararse a rechazarlo. Es el general La Madrid uno de esos tipos naturales del suelo argentino. La Madrid tiene cincuenta infantes y algunos escuadrones de milicias. Facundo vuelve al fin a recuperar su bandeja negra que ha perdido, y se encuentra con una batalla ganada, y La Madrid muerto, bien muerto.

Ha vencido en ella al valiente de los valientes, y conserva su espada como trofeo de la victoria. Tengo a la vista un cuadro de las banderas de todas las naciones del mundo. Recuerdo que los presentes que el Gobierno de Chile manda los caciques de Arauco, consisten en mantas y ropas coloradas , porque este color agrada mucho a los salvajes. Necesito detenerme sobre este punto. Los argentinos saben la guerra obstinada que Facundo y Rosas han hecho al frac y a la moda.


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  7. Lo hago para que me conozcan desde lejos. Ultimamente consagra este color oficialmente y lo impone como una medida de Estado. La historia de la cinta colorada es muy curiosa. Se deseaba obedecer, pero al mudar de vestido se olvidaba. Nadie se libra al fin del contagio. Esta enfermedad la traemos en la sangre. Volvamos a tomar el hilo de los hechos. Dejemos a un lado las palabras vanas con que con tanta imprudencia se han burlado de los incautos. En Buenos Aires, puerto de mar, residencia de Bustos, etc. Esto es capital. Pero ya es demasiado detenerme sobre este punto.

    Un hecho hay, sin embargo, ilustrativo. Dorrego se apresura a satisfacer tan justa demanda. Durante el gobierno de Blanco, se traba una disputa en una partida de juego. Facundo toma de los cabellos a su contendor, lo sacude y quiebra el pescuezo. Estas escenas con los sacerdotes son frecuentes en el Enviado de Dios. Un chasque sale inmediatamente, avisando al gobernador Moral, que habiendo querido fugarse el reo El vandalaje nos ha devorado, en efecto, y es bien triste gloria el vaticinarlo en una proclama y no hacer el menor esfuerzo por estorbarle.

    Desde los tiempos de la Presidencia, los decretos de la autoridad civil encontraban una barrera impenetrable en los arrabales exteriores de la ciudad.

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    Facundo estaba en su elemento. La batalla de la Tablada es tan conocida, que sus pormenores no interesan ya. Ya veremos las consecuencias.

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    Algo debe haber de predestinado en este hombre. Toda la ciudad , consternada, se agolpa a su humilde morada de fugitivo a pedirle una palabra de consuelo, una vislumbre de esperanza. Paz pudo contraerse ya a reorganizar la provincia y a anudar relaciones de amistad con las otras. Que cherchez vous? La batida, sin embargo, no ha sido feliz; la caza ha husmeado a los lebreles, y huye despavorida en todas direcciones.

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    Y no hay que alucinarse: el terror es un medio de gobierno que produce mayores resultados que el patriotismo y la espontaneidad. La Severa ha tenido la desgracia de excitar la concupiscencia del tirano, y no hay quien le valga para librarse de sus feroces halagos.

    No es otra la causa de la fragilidad de la piadosa Mme. Maintenon, la que se atribuye a Mme. Una vez escapa de ser envenenada por su tigre en una pasa de higo; otra, el mismo Quiroga, despechado, toma opio para quitarse la vida. La Severa huye al fin a Catamarca y se encierra en un beaterio. Mandan traerse las sumas de San Juan, y ya hay treinta mil pesos para la guerra, reunidos a tan poca costa. Llega y hace dar seiscientos azotes a un ciudadano notable por su influencia, sus talentos y su fortuna.

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    Como se ve, el alma de Facundo no estaba del todo cerrada a las nobles inspiraciones. Esta es una prerrogativa del despotismo como cualquier otra. La guerra, empero, pide erogaciones, y vuelven a trasquilar las ovejas ya trasquiladas. Esta historia de las jugarretas famosas del Retamo, en que hubo noche que Facundo ha visto que nada le queda que hacer en el interior; no hay esta vez tiempo de martirizar y estrujar a los pueblos para que no den recursos sin que el vencedor llegue por todas partes en su auxilio.